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Full text of "Victoriano Antonio Conde 1849 Oracion Panegirica"

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Pronunciada el día 15 de Junio de 1849, 

EN LA DEDICACION DEL TEMPLO DEL PaSO 

del Molino, erigido en obsequio de 
MARÍA SANTISIMA, BAJO EL SUBLIME 
TITULO DE SU PURISIMA E INMACULADA 
CONCEPCION, Y BAJO LOS AUSPICIOS DEL 

Exmo. SsñoR Presidente de la Repú- 
blica, Brigadier Géneral I). MANUEL 

ORIBE- — A QUIEN TRIBUTA ESTE TEQUEño 
TRABAJO, COMO UNA SEDAL VERDADERA DE 
RESPETO E INTIMA ADHESION ACIA SU 

persona, su humilde Capellán — 

VICTORIANO ANTONIO CONDE. 









TEMA. 

Sanctum est Templum tuum, mirábile in aquilate, quia in 
co cedificabitur Turris David cum propugnaculis ; mille 
chjpei pendent ex ea, omnis armatura fortium. — Ex. 
Psal. 64, et ex Lib. cant. c. 4. ° v. 4. ° 

VERSION. 

Nuestro Templo, Señor, es santo y admirable en su hermo- 
sura, porque en él está edificada la Torre de David con 
baluartes ; mil escudos penden de ella, y toda la arma- 
dura de los fuertes. Son palabras del Salmo 64 y del 
Libro de los cánticos, cap. 4. * verso 4. ° 

EXMO. SEÑOR. 

Esclarecido e ilustre Pueblo Oriental. 

Demos gracias al Dios de las misericordias que ha 
enjugado nuestras lágrimas, y llena hoy nuestros corazo- 
nes de júbilo. Bendigamos sus misericordias, pues 
atento á nuestros clamores, propicio á nuestros suspiros, 
y favorable á nuestros votos, se ha dignado llenar nues- 
tros deseos, viéndole ya colocado en su nuevo Templo. 
Esta Torre de David, según la interpretación mas común 
de los Santos Doctores, es la Iglesia. La piedra sobre 
que está fundada, es inalterable. Los baluartes que la 
defienden, no pueden ser forzados. Los empeños de 
todos aquellos que tengan la temeridad de atacarla, no 
servirán jamas sino para multiplicar sus triunfos, multi- 
plicando sus victorias. Mas, si los santos Doctores 
aplican ordinariamente á nuestros Templos materiales 
todos los elogios que la Escritura hace de la Iglesia 
misma ¿ no podremos nosotros aplicar aquel, y sobre todo 
no conviene con la mas exacta precisión á este Templo 
en particular, cuya nueva colocación nos ocupa en este 
dia ? Si, señores : ved aqui la verdadera torre de Da- 



— 4 — 


vid: turris David; edificada por el piadoso celo del 
ilustre magistrado, que preside los destinos de nuestra 
cara Patria, para ser como el baluarte de esta feligresía ; 
< edifícala cudi propugnáculo. Aqui todos encontrarán 
miles de armas, mas eficaces y poderosas que todas las 
fuerzas de la tierra, para atemorizar á sus enemigos ; 
mille clypei pendent ex ca, omnis armatura fortium. Ah ! 
señores ! no es estraño ! Este edificio está bajo la pro- 
tección de María. Es aqui en esto Templo que su hijo 
le ha dado poder de distribuir las palmas y las coronas ; 
es aqui en este Templo que la tierna devoción viene á 
tributarle homenages, y á ornarla de laureles, que ella 
confiesa haber recibido de mano de sus hijos. Y bajo 
la salvaguardia de Maria, ¿quien podrá temer? Su 
sola protección hace las veces de toda suerte de armas. 
I Será necesario, señores, reanimar nuestra confianza ? 
Recordemos todo lo que ha obrado en favor de los que 
imploraran su socorro ; estos muros, estos altares darán 
fé. 

Desenvolvamos estas ideas : ellas suponen una mul- 
titud de sucesos interesantes : mas á Dios no le agrada 
que un vano espíritu de curiosidad nos induzsa á ocu- 
parnos de su análisis. Es á la gloria de Maria que yo 
los dirijo, y á la edificación de los fieles, porque la gloria 
de Maria es inseparable de la instrucción de sus hijos. 
En honor de Maria, la dispensadora de todas las gracias 
del Cielo, es la edificación de este Templo. Sufrid, 
señores, que yo haga una especie de dedicación de este 
discurso, y la historia de este Templo mismo me submi- 
nistrará los materiales para componer el trofeo que yo 
quiero presentar hoy á los pies de su Augusta Titular. 
Yo digo que este Templo, considerado precisamente qn 
sí mismo, es un monumento de piedad y religión para 
toda esta feligresía, y aun para toda esta República en 
obsequio de la Virgen, y esto es lo que constituye su 
principal gloria, y le acuerda el honor mas distinguido. 
Yo añido también que este Templo es un gaje seguro 
de la protección de Maria para esta feligresía, y para 
toda la República, y esto es lo que forma la materia de 
nuestra instrucción. En menos palabras; lo que hace- 
mos hoy por Maria, colocando este nuevo Templo ; lo 
que debemos esperar que Maria haga por nosotros á 



consecuencia de la colocación de este Templo, es la 
doble consideración que me propongo examinar breve- 
mente en este discurso. 

¡ Olí vos ! á quien se consagran tan solemnes home- 
nages, madre de mi Dios ! alcanzadnos la gracia de 
aprovecharnos de esta solemnidad, y de las instruccio- 
nes importantes que ella nos ofrece. Y vosotros, seño- 
res, unid vuestros religiosos sentimientos á mis piado- 
sos designios; vuestras fervientes súplicas ú mis humil- 
des ruegos, para que el Padre de las luces reciba benigno 
el corto obsequio de nuestra gratitud en este día ; y 
para conseguir mejor esta gracia, acudamos á la que es 
nuestra singular pretectora, saludándola reverentes con 
las palabras de un Angel. — AVE-MARIA.= 

(tema ut surRA.) 

Primeva Parte* 

s. s. s. 

Aunque las obras del Todopoderoso son admirables* 
y ninguna de ellas le ha sido difícil, sin embargo, ni todas 
ellas nos admiran con igualdad, ni su Magestad procede 
de un mismo modo en su formación. El cria los Cielos 
y la tierra, y cria también al hombre; todo lo hace sin 
costarle mas que una palabra. Pero no sucede asi en 
los mas grandes establecimientos que tienen ordinaria- 
mente los principios mas mediocres. Asi aquel rio que 
Jleva la abundancia, y hace la riqueza y seguridad de los 
Estados, no fue en su origen mas que un arroyuelo des- 
preciable. El arca del Señor habita largo tiempo bajo 
de tiendas, sin que Dios dé ninguna señal de desagrado 
á su Pueblo: mas, después que David lleva sobre Jebu- 
sén la ciudad de Sion, y establece allí los fundamentos 
del trono mas glorioso que ha habido en el universo, se 
reprocha á sí mismo de habitar bajo bóvedas de cedro, 
mientras que Dios, autor de toda su gloria, no tiene 
lugar fijo en Israel. 

Que me sea permitido, Señores, asegurar el senti- 
miento y disgusto, que atormentaban el piadoso y tierna 



— 6 — 


corazón de nuestro esclarecido y digno Presidente, al 
observarlas necesidades espirituales, que afectaban á 
esta feligresía, y la falta de decencia material 1 para la 
celebración de los divinos oficios. Pero, ¿ como preve- 
nirlas, desde que esta obra de importancia en todo tiem- 
po, lo era mucho mas> en las circunstancias, en que acci- 
dentalmente se halla constituida esta líepública? Sus 
enemigos, sus implacables enemigos, no contentos con 
los males en que la hundieron desde el nefando grito de 
insurrección, habían conmovido una agresión extrangera, 
que aunque en todos sus actos y pretensiones, llevaba la 
divisa de la injusticia y de Ja arbitrariedad, sin embar- 
go, le cerraba la puerta principal de sus recursos, y pro- 
ducía una subida excesiva en los valores de las cosas. 
Por laudables, por dignas que sean las erogaciones que 
se hagan en favor de los Templos materiales, nuestra 
augusta Religión nos manda preferir sus Templos vivos 
á los Templos espirituales. Y ¿ no es cierto, que mu- 
chos necesitaban de estos preferentes socorros? Cuan- 
tas familias se hallaban privadas de sus esposos, de sus 
Padres, de sus hijos, de sus hermanos, de sus deudos, que 
eran los apoyos de sus dias. ! La. defensa del Estado los 
había arrancado de su compañía para trasladarlos al 
campo de batalla. Su separación dejaba inevitable- 
mente un vacio, que la caridad y beneficencia debia lle- 
nar. 

Ved ahi, Señores, otras tantas dificultades para pro- 
yectar sobre una obra que aun en tiempos pacíficos y 
abundantes seria siempre muy dispendiosa. ¡Oh! Vir- 
gen amable ! Disípese yá ese nublado obscurísimo, 
pare esa furiosa borrasca, veamos la luz, llegue á noso- 
tros ese dia feliz que esperamos, para que en los goces 
déla paz y de la tranquilidad, se llenen los deseos de tus 
Siervos, erigiéndote habitación, donde tú, y tu hijo sean, 
como merecen, adorados. Asi discurro yo hablarían los 
piadosos feligreses de este Departamento, postrados ante 
los altares, y á los pies de Maria, que es el instrumento 
por el que Dios tantas veces ha manifestado su dignación. 
Pero ah! que distante estaba Maria de satisfacer sus votos 
por los medios que ellos se proponían ! Quería esta 
Soberana Señora hacer mas conocida su protección y 
mas recomendable la devoción de sus hijos. Asi que sin 





remover los graves inconvinientes que los detienen, la 
edificación de su casa, se emprenderá, y llevará al cabo 
con suma admiración de cuantos lo observen. Tan cier- 
to es, que no hay dificultad de que nó triunfe el hom- 
bre, cuando se apoya en el socorro del Cielo, y que las 
mayores dificultades ceden al empeño de los que des- 
confiando de si mismos, todo lo esperan de la Providen- 
cia y Misericordia del Señor. 

Y á este respecto ¿ nó tenemos entre nosotros mu- 
chos recientes ejemplares ? ¿ No hemos visto á esta Re- 

pública, nó la hemos visto sostener ejércitos en campa- 
ña, al mismo tiempo que un bloqueo tan severo como 
injusto le arrebataba sus principales entradas? ¿No 
la hemos visto satisfacer reí ij i osamen te sus compromisos 
y todas las exijencias públicas ? ¿ No la hemos admi- 

rado en medio de los inmensos gastos, que hacia indis- 
pensables la guerra, y que todo lo absorvia, atender á los 
empleados con una exactitud en los pagos, que aun en 
épocas pacíficas muchas veces no se había guardado ? 
Y si bien, es justo atribuir estos sucesos á la habilidad, 
al poder, al tino del Gran Magistrado que preside por for- 
tuna sus destinos ; aun mas justo es descubrir en esto 
mismo una singular asistencia del Cielo sobre su perso- 
na y una singular protección de Dios sobre su Gobierno: 
de otro modo ¿ como le era. posible haber triunfado de 
tantos inconvenientes que el génio del mal habia hasinado 
para entorpecer su marcha ? ¿ como era posible des- 

hacer tantos maléficos elementos que reunidos por la 
perfidia, por la traición y por la alevosía de los implaca- 
bles enemigos del Estado ofrecían tenazmente continuas 
reacciones á los empeños de la justicia y del patriotismo? 
Luego ¿ porque habia de temerse emprender la edifica- 
ción de este Templo, retraídos por la confluencia de tan- 
tas circunstancias azarosas, si la obra corría de cuenta 
de! Cielo, y estaba apoyada en la protección de la Vir- 
gen ? ¿ Porque no habíamos de animarnos á un proyec- 

to que presidia María, y cuya ejecución tenia aparejada 
la gloria del Señor, y la exaltación de su santo nombre ? 
Tales fueron los sentimientos que sirvieron de estímulo 
para decidirse á la obra, que hoy vemos tan satisfacto- 
riamente concluida. Se objetarían quizá las necesidades 
de los pobres que debían ser preferidos, pero tendrían á 



— 8 — 


la mano, para prevenir y refutar esta objeción las pala- 
bras de Jcsu-Cristo: Vosotros tenéis siempre con Vosotros 

ú los pobres, dijo e! Salvador ; esto es, no hay circunstan- 
cia, no hay tiempo, no hay lugar, en que no pueda seña- 
larse vuestra caridad en favor de' vuestros hermanos : 
pa aperes sonper hnbetis vobiscum : mas á ?ni Vosotros no 
siempre me tendréis ; es decir : mas la ocasión de prac- 
ticar la A ¡rtíid de la Relijson, erijiendo altares y Taber- 
náculos, no se presenta, siempre : me autem non sempsr 
hnbetis. 

Asi discurrió la devoción : y ¿ qué espectáculo tan 
tierno no ofrece desde luego? Acordaos, señores, de lo 
que una vez practicó Moisés, dejándose ver en medio de 
Israel, penitente y fiel á Ja voz de su Dios. El pide para 
la construcción del Arca, y de todo lo que debía servir 
ú los sacrificios ; mas, él no quiere sino dones volunta- 
rios : sepárate apnd nos : omnis voluntarius, et prono 
animo offnrat. A estas excitaciones, que generoso des- 
interés ! que fervor liberal ! ¡cuan agradable es ver 
como cada uno se empeña en contribuir á la construcción 
del Santuario! El puehlo mismo osa disputar en libe- 
ralidad á sus principes. Los esposos, como de acuerdo, 
buscan en sus tesoros los antiguos ornamentos del lujo 
desús padres para consagrarlos al Señor: Viricum 
mulieribus. Las mugeres en particular quieren hilar 
con sus manos la púrpura y el lino, que ha de extenderse 
sobre los altores. Los principes por otra parte, arran- 
can las piedras preciosas de sus coronas para enriquecer 
los vasos sagrados : Principes obtulerunt gemas. La 
viuda misma, pobre y desolada, pero llena de fé, espera 
desahogar su dolor, en la oblación que viene á hacer de 
la mitad de una moneda. Casi no hay un israelita que 
no quiera tener en la obra alguna parte : cuncti filii 
Israel voluntaria dedicaverunt. Esta es, señores, guar- 
dada la necesaria proporción, la historia de este Templo. 
Preguntemos á sus fundamentos: ellos conservarán 
siempre la memoria de los nombres respetables de los 
que, como Moisés, formaron el proyecto de su edifica- 
ción. Oh ! si la modestia no pusiese un sello á mis la- 
bios! Yo haría el dibujo de sus intenciones, de sus em- 
peño?, y de su celo religioso. Trascendiendo este á los 
demás, produjo un movimiento simultáneo, que fué la 



— 9 — 


scñíil del que había de realizarse en toda la República, 
para que no hubiese uno solo que dejase de admirar una 
empresa en que tanto se interesa el culto de la divini- 
dad y la gloria de María. Bello espectáculo en efecto ! 
Y ¿no es asi, señores? Vosotros lo veis, y no es nece- 
sario que yo revele lo que está delante de vuestros ojos. 
En una época la mas azarosa que tuviera este Estado, 
en tan breve espacio, y en medio de las diferentes oscila- 
ciones políticas ; cuando todas las clases de la sociedad 
se resentían mas ó menos del estado de escaséz que las 
afligía, la obra marcha á su término, ofreciéndonos hoy 
el consuelo de ver al Señor colocado en su casa con la 
decencia que corresponde, y á María presidiendo en 
aquel trono, erigido por el fervor y celo de sus hijos. 
Gracias os sean dadas, soberana María, porque os dig- 
nasteis comunicarles resolución tan religiosa, y poique 
los habéis favorecido, para que sus empeños quedasen 
del todo realizados. ¡ Que grato no es contemplar lo que 
pasa hoy en esta augusta solemnidad, en contraste de 
lo que ha tenido lugar en la Europa ! Ay! Mientras 
allí el desenfreno de una extraviada filosofía se ha lan- 
zado torpemente sobre los santuarios consagrados á 
vuestro nombre ; mientras que el célebre Monserrat, el 
afamado Aranzazu, y otros monumentos de piedad y 
religión han sido despojos de las llamas, y apenas se 
descubren las ruinas de unos edificios, que fueron el em- 
beleso de nuestros mayares, y estaban santificados con 
tantos portentos de vuestro poder y do vuestro amor ; 
mientras que en fin, el furor revolucionario en la Espa- 
ña, ha pretendido borrar hasta las últimas reliquias do 
vuestro culto, destruyendo unos monumentos cuya con- 
servación siendo unos milagros del arte, era reclamada 
por el mismo honor de la nación ; aqui Señora, aqui en 
la República Oriental habéis encontrado corazones 
devotos, almas religiosas, que os preparen casa, que os 
compongan y adornen el trono donde recibáis públicos 
obsequios, y seáis honrada y alabada como lo merece 
vuestra grandeza, y vuestra ternura maternal. 

Gloriaos, hermanos míos, en esta obra que tanto os 
ennoblece, y tanto honor os depara ; felicitaos por todos 
los sacrificios que habéis hecho para verla perfeccionada; 
conservadla como un timbre do gloria inmarcesible ; y 



sí vuestros hijos os preguntasen que objeto tiene este 
vistoso edificio, decidles que esta es la casa que habéis 
consagrado al Dios Soberano en honor de la Virgen su 
augusta Madre, bajo el sublime título de su Purísima é 
Inmaculada Concepción, y una especie de trofeo eternal 
erigido á María en demostración de vuestro celo y de 
vuestra cristiana piedad. Pero abandonaos también 
desde hoy á las mas consolatorias esperanzas, porque si 
la colocación de este Templo es un monumento de vues- 
tra devoción y de vuestro fervor en obsequio de María, 
ella es igualmente una prenda segura de la especial pro- 
tección de María en favor vuestro, que es la materia de la 


Segunda, Parte- 


Mas ay! que no me sea posible dar la extensión 
debida á esta parte de mi discurso ! Que no me sea per- 
mitido admirar dospacio la grandeza de este nuevo 
Templo, la magestad de su culto, el aparato de sus sacri- 
ficios, la devoción y dulzura de sus cánticos, la fragancia 
de sus perfumes, y las alabanzas que se rinden al Altísi- 
mo. Este Templo es la casa de adoración, de sacrificio, 
y de oración. Sí, señores! En nuestros templos, dice 
San Juan Crisostomo, están encerradas las mas precio- 
sas reliquias : ellos son el objeto de nuestras mas dulces 
esperanzas. Qué hay en estos lugares que no sea con- 
solante? Que santo y delicioso es ese altar, donde 
nuestro Dios viene á ser nuestra propia nutrición ! Que 
magníficos esos vasos sagrados, de los cuales corre todos 
los dias la sangre de un Dios ! Y ese Tabernáculo del 
que nosotros podemos decir muy bien, que encierra la 
misecordia misma, cuan augusto es ! De que alegría 
su sola vista debe saciarnos! Que calma, que gozo 
derrama sin cesar en las almas la lectura de las Santas 
Escrituras que aquí se nos esplican, que aqui se nos excita 
á meditar ! En este lugar que los esclavos de Satanás 
recobran su libertad, y en el que nuestro Dios jamas 
deja de acordarles la mas perfecta amnistía! Los rebel- 
des aqui son recibidos en gracia, y los hijos dóciles aqui 
obtienen el justo precio de su fidelidad! Asi habló San 
Juan Crisostomo. Apliquemos, señores, estas ideas 



— n — 


generales á este nuevo Templo, cuya solemne colocación 
Soy gustosamente nos ocupa. Aquí, bajo los auspi- 
cios de la Reyna de las Vírgenes, la edad mas débil, el 
sexo mas frágil se premunirán seguramente contra la 
peligrosa seducción del mundo. Aquí* bajo 1 QS auspicios 
de la Reyna de la paridad, los afligidos encontrarán 
sólidos consuelos, y arbitrios para mover á los corazones 
de sus prójimos para que tomen parte en sus desgracias. 
Aquí, bajo las influencias de la Reyna de la sabiduría, 
los guerreros aprenderán á regularizar su valor, y á 
despreciarla muerte por la esperanza de una vida eter- 
na. Ignis est iste perpetuas (¡ui numquun dejicidt : sí, 
señores; es en este Templo donde arderá siempre el fuego 
de la protección de María, fuego sagrado, fuego nías 
precioso y mas puro que aquel que se mantuvo en otro 
tiempo sobre el altar de los holocaustos. Nuestros pa- 
dres, siempre fieles, lo conservaron ; la mas sana doctri- 
na lo nutre y lo inflama de dia en dia. Ignis quern nptriet 
Sacerdos . La gratitud de María para con sus hijos ; la 
vista de este hermoso edificio edificado para su gloria, 
lo encenderá mas y mas. 

Y ¿ cómo no ? Si se trata de una Reyna que paga 
á sus súbditos ciento por uno los obsequios que se le ha- 
cen? Perdonad, señores, estos detalles; tales son los 
gajes de la misericordia que nosotros esperamos aqui de 
Maria y es sobre ellos que nosotros esperamos en electo, 
lo que Salomón pidió á su Dios, al terminar la dedicación 
de su Templo. Sí, señores, los ojos de la Madre de las 
misericordias estarán abiertos de dia y de noche sabré 
todas las necesidades de sus hijos. Si nosotros irritáse- 
mos la cólera de Dios por nuestros pecados ; si nosotros 
forzásemos á su justicia á hacernos sentir el peso de su 
brazo, sea que cierre al Cielo, rehusándonos los rocíos 
bienhechores que fertilizan nuestros campos ; sea que. 
las cataratas del firmamento nos .amenacen de anegar 
nuestras casas ; sea que eorrompa los aires para llevar 
la muerte vengadora sobre nuestro interior culpado ; 
sea que él castigue al hombre por medio de los mismos 
alimentos que sirven á su conservación ; entonces, si 
nosotros viniésemos á este lugar, á implorar por medio 
de Maria su misericordia, desde lo alto de su trono él 
nos oirá favorablemente, porque es imposible se niegue 



12 — 


á la interposición de tan santa y digna mediadora. 
Todas las veces que la República Oriental del Uruguay 
se viere precisada á tomar las armas para la defensa de 
su libertad, independencia, y quietud, vendrá á los pies 
de aquel altar, á suplicar á María, que se ponga á la 
cabeza de sus armas. Sí, señores, María se armará 
también en favor nuestro. Mjs sobre todo ; después de 
haber animado el intrépido ardor, y sostenido la noble 
confianza de nuestros guerreros ; que no tarde en vol- 
vernos las preciosas ventajas de la paz. Si nuestros 
mismos enemigos vienen á adorar al Señor en este santo 
lugar (ah 1 conozcan de una vez que la mano fuerte, el 
brazo extendido de nuestrcr Dios, se deja ver con grande 
magnificencia sobre nosotros) si nuestros enemigos, 
repito, vienen á adorar al Señor en este santo lugar; sí, 
virgen santa, nosotros os suplicamos que los oigáis ; mas 
al mismo tiempo inspiradles sentimientos de arrepenti- 
miento, saludables desengaños, inclinaciones pacíficas, 
y una convicción íntima de su nulidad, de su impotencia 
para dañarnos, desde que Vos, Señora, presidís nuestra 
causa, y marcháis al frente de nuestras empresas. A 
tanto se extiende, señores, la esperanza que nosotros 
concebimos hoy en este santo lugar ; esperanzas, voso- 
tros lo conocéis, sólidamente fundadas. Entre-tanto 
cuidemos de asegurarlas y de conservarlas con nuestra 
conducta, y con el porte arreglado (le nuestra vida : asi 
pensaba San Agustín. Sin esto, tantos bellos gajes de 
la misericordia de María sobre nosotros, vendrán á ser 
quizá las ocasiones de la mas terrible venganza. No 
importa poseer estos ilustres monumentos de la miseri- 
cordia del Señor, si ellos no son para nosotros una oca- 
sión que nos merezca que el continué derramando sobre 
nosotros sus beneficios. 

Yo pruebo esta verdad, decía San Juan Crisostomo, 
por el ejemplo del templo de Jerusalcn. Este templo 
que presentaba tantas señales del amor de Dios para con 
su pueblo ; donde se conservaban tantas prendas mila- 
grosas de su beneficencia, donde Dios habló continua- 
mente por boca de sus Profetas ; este templo, la obra 
ge.fe, no ya de la industria de los hombres, sino de la 
sabiduría divina, pues que el mismo Dios le habia ins- 
pirado el modelo á Salomón ; este templo tan niages- 



— 13 — 


tuoso cayó en tan- grande menosprecio por la deprava-; 
don de los Judíos, que después de la cautividad de 
Babilonia, no se llamó ya sino una caverna de ladrones ; 
de suerte que al fin fue tomado por los bárbaros, que lo 
profanaron, y lo destruyeron completamente. Consig- 
nemos, señores, otra prueba de la verdad que vamos 
examinando con otro ejemplo no menos tocante y espre- 
sivo. La famosa ciudad de Constantinopla habia sido 
consagrada á Maria por un augusto fundador con una 
pompa y magestad sobresaliente. Constantinopla era 
tan particularmente dedicada á Maria, que aun llevaba 
el nombre de esta Señora por timbre de su gloria. Sus 
emperadores, al retornar de sus expediciones las mas 
gloriosas, colocaban la imagen de María sobre el darro 
triunfal, y no querían para sí mismos otra gloria que la 
de seguir como cautivos la pompa de sus triunfos. 
Constantinopla á mas de esto poseia un gaje de la pro- 
tección de Maria, aun ma3 esclarecido, si asi puedo 
decirlo, que este templo en que estamos reunidos. Una 
imagen de Maria Santísima, pintada en otro tiempo por 
San Lucas, era su principal estandarte, y la salvaguar- 
dia de su Imperio. La Grecia bajo este estandarte fué lar- 
go tiempo invencible. Mas, Constantinopla al fin dege- 
neró; un cisma obstinado la separó del seno de la Iglesia 
romana ; el lujo y la molicie Asiática, empezando por 
afeminarla, acabó por corromper enteramente sus cos- 
tumbres. 

Constantinopla entonces no probó mas la protección 
de Maria sino por los azotes con que Dios la afligió para 
volverla á su deber. Las revoluciones se sucedieron 
rápidamente las unas á las otras ; hasta que al ftn can- 
sada de las continuas resistencias de este pueblo pérfido, 
María lo abandonó. Entonces aquella imagen que ha- 
bia sido tan largo tiempo la fuerza de los guerreros, el 
sosten del trono, el baluarte del imperio cayó ella misma 
en las manos del bárbaro vencedor ; y la Grecia, per- 
diéndola, perdió con ella su liberdad y su gloria. 

Asi, señores, cuando un pueblo se hace indigno do 
las misericordias del Señor, pierde las prendas que él 
le había dada de su protección ; de suerte que queda 
espuesto sin defensa á los golpes de la justicia. El arca 
entra en el campo de Israel. El Ssñor entra al mismo 



— 14 — 


tiempo. Si, señores: el señor Dios (le las victorias, por- 
gue él encuentra un pueblo fiel. Mas si este pueblo me- 
rece los castigos, la pérdida del arca misma es el primer 
golpe, el golpe mas terrible de un Dios que se propone 
hacerle sentir el peso de su justicia. Ah ! recurramos 
todos á Mai ia, siempre que ella se dígne interceder por 
nosotros, nosotros seremos salvos : pero sepamos merecer 
su protección. No, no esperemos hacerla la protectora 
de nuestros crímenes ; no esperemos qué su crédito nos 
ponga á cubierto de la justicia de nuestro Dios ; mas él 
nos ayudará á satisfacerla ; él hará agradables nuestras 
satisfacciones ; y para concretarme mas á mi asunto, 
este ); iiuevo templo será para nosotros una prenda segu- 
ra de la protección de María, si nosotros lo frecuentáse- 
mos en adelante con reconocimiento, con confianza, 
con respeto. Reanimad el reconocimiento en vuestros 
corazones. Los muros de este templo nos avisan los be- 
neficios que debemos esperar por la intercesión de Ma- 
ría ; es pues un homenaje de acción de gracias el que 
es necesario venir á rendirle en adelante en este lugar. 
La misma prontitud con que se ha realizado esta obra, 
la misma facilidad con que, apesar de la penuria de los 
tiempos, y de otros tantos inconvenientes, de que voso- 
tros mismos habéis sido testigos, há sido llevada á su 
terminación ¿ no es una prueba de la visible asistencia 
de María y del cuidado que ha puesto en velar y en ha- 
cer felices vuestros trabajos ? El resultado dichoso de 
estos mismos trabaos ¿ no es una demostración sensible 
de su bondad ? ^ue este reconocimiento lo anime tam- 
bién la confianza mas viva y mas tierna. Formémonos 
de este templo un abrigo contra todos los rayos con que 
el señor irritado nos amenace. Esta confianza no es ni 
supersticiosa ni mal fundada. Dueño absoluto de sus 
gracias nuestro Dios ¿ no tiene derecho de ligarlas á la 
condición que á él le plazca 1 En fin, que el' reconoci- 
miento, la dulce confianza, que nos han conducido al pié 
de estos altares, penetren aquí nuestros corazones de un 
temor respetuoso. La bendición santa, derramada sobre 
estos muros, deje en todo este recinto una impresión de 
tn agesta d, que sobrecoja de un secreto horror á todos 
euíTntosse les acerquen ; ó mas bien, que nuestra fé 
supla á toda impresión sénsible. 



— 15 — 


Este es, Hermanos míos, el palacio de nuestro Dios; 
su Madre, á quien nosotros honramos, tiene después de 
él, el primer lugar. El Señor reside aqui él mismo en 
toda la plenitud de su magestad. Ved el trono donde él 
viene corporalmente á recibir nuestros ivomenages ; ved 
el tribunal donde él nos juzga. Los Sacerdotes son los 
ministros y los dispensadores de sus gracias. Sus teso- 
ros están siempre abiertos ; cada uno puede en todo 
tiempo venir y pedir según sus necesidades. Mas acor- 
daos, que aquellos lugares donde el Señor ejerce sus mas 
grandes misericordias, son los mismos donde él ejerce 
sus mas tremendas venganzas, cuando se le obliga á cas- 
tigar. Acordaos que aqui mira con distinción á la mul- 
titud de adoradores que llena su casa, separa á los cabri- 
tos de los corderos, pronuncia decretos de muerte y de 
vida. Acordaos que aqui tiene en una mano coronas y en 
otra rayos ; y que distinguiéndonos á todos, escribe sobre 
nuestra frente de un modo invisible los caracteres de 
elección ó de nuestra reprobación. 

Venid, pues, apresuraos vosotros todos los que per- 
tenecéis al Señor, y que amais verdaderamente á Maria. 
Daos prisa para reuniros en este lugar santo. Un di- 
choso porvenir os prepara el Señor, movido por los pu- 
ros votos con que Maria se interesa en que recompense 
vuestra piedad, y os colme de dones superiores á los que 
recibieron nuestros Padres. Este templo será para vo- 
sotros el canal de toda suerte de gracias, y la misericor- 
dia del Señor se manifestará aqui por los mas grandes 
prodigios de su poder. Y ¿ quien podrá dudarlo ? sobre 
todo ahora que este templo acaba de recibir una vida, 
una decencia, y un esplendor que jamás habia tenido ? 
Ahora que acaba de ser constituido habitación perpetua 
de Maria ? Ah ! señores, permitid que derrame dulces lá- 
grimas, y que postrado ante aquel augusto altar, recuer- 
de con vosotros, poseído de un profundo dolor, las inju- 
rias y ultrajes inferidos á esta imagen de Maria Santí- 
sima con los mas horrendos sacrilegios ! O impiedad t 
O barbarie ! A quien no enternecerán hechos tan bárba- 
ros é inauditos, perpetrados por un espíritu de la mas 
execrable codicia, y poruña impiedad la mas obstinada? 

Loor, y gloria eterna al gran Padre de la Patria, al 
digno Magistrado que nos preside, al inmortal General 



Oribe, porque con tanta heroicidad cristiana, y poseído» 
do sentimientos tan religiosos, ha resarcido estos ultrajes 
y sacrilegios, erigiendo- este Tabernáculo para colocar 
en él á esta augusta Reyna : á esta imagen de María tan 
antigua como la fundación de esta República: á esta 
imagen de Mana, que colocada en medio de nosotros, 
cual otra señal de paz y de reconciliación, ha sido la 
primera á quien nuestros Padres han tributado sus obse- 
quios y adoraciones, y laque hoy ha sido levantada del 
mas profundo abatimiento por la mano liberal y piadosa 
del esclarecido Gefe que nos preside. Felicitaos, fieles 
hijos de Maria ! Vosotros á quienes os ha tocado la 
fortuna de poseer este ilustre monumento, dedicado á Ma- 
ria : consagradla vuestros cánticos, y anunciad á todo 
el universo este tesoro de gracias y de bendiciones: ve- 
nida su templo constantemente, y postrados ante aque- 
lla imagen, pedidle por la conservación de nuestro Ma- 
gistrado, pues es el único que el cielo nos ha deparado en 
estos tiempos, para llevar á la cumbre de la prosperidad 
los sagrados derechos de vuestra santa Religión, y de 
nuestra amada Patria \ Bendición, gloria, y gratitud 
eterna á todos aquellos que han cooperado al objeto y 
blanco de los trabajos y deseos de erijir este glorioso é 
inmortal establecimiento en honor de Maria! Bendi- 
ción. gloria, y gratitud eterna á la República Oriental 
del Uruguay, que con tan puro júbilo y noble entusiasmo 
abriga en su seno generoso este nuevo monumento, con- 
sagrado al culto de Maria ! 

Sanctum est Tem.pl um tuum, mirabde in esquítate, quia 
i ti eo esdíficabitur Turris David cum propugnuculis: mille 
clypci pende nt ex ea, ornnis armatura fortium. 

V ed ahí, amados compatriotas míos, la breve y su- 
cinta idea de la erección de este Santo Templo, que si 
por la escaséz de mis luces, no he analizado exactamente, 
al menos suplirán los sentimientos de la mejor voluntad 
con que me hice cargo de tan ardua empresa. Mi sumi- 
sión á la voluntad suprema, es la que me ha hecho ad- 
mitir el encargo de hablar hoy á este pueblo de valientes 
Orientales, y por tan alto honor presento al Exmo. Sr. 
Presidente ini más profundo reconocimiento. Queridos 
compatriotas inios! Ojalá me viese yo poseído de una 
competente elocuencia, p ira infundiros los sentimientos 



aobles y patrióticos que adornan la persona de nuestro 
esclarecido Gefe ! Ojalá pudiera infundiros los senti- 
mientos de su alma grande,' inflexible, constante, tanto 
entre las aclamaciones de sucesos memorables, cuanto en 
medio de contrastes desgraciados, que no le han sido 
dado evitar. Marchando al punto que le llevan sus 
patrióticos sentimientos á favor de desenlaces felices, ú 
oprimido con el golpe de azarosas multiplicadas ocur- 
rencias, que todo lo enervan y paralizan, siempre 
se le oye el mismo lenguaje, siempre medita, y siem- 
pre clama : consérvense la libertad , soberanía, i inde * 
pendencia de la República <, y piérdase todo. Con seme- 
jante apoyo, no temamos que se nos arrebate este don 
del Cielo. Su valor, su previsión, su fortaleza, superan 
los peligros. El amor á la libertad presentó famoso á 
Josué en sus combates ; el mismo amor que ha fijado su 
asiento en el corazón de nuestro esclarecido Ge fe, vivifi- 
cará, y haiá subir al último grado el espíritu patriótico. 
Y entonces, Orientales, bastándoos á vosotros mismos, 
sin mas escudo que vuestros pechos inflamados por el 
ejemplo del genio que está al frente de vuestros destinos, 
diréis como los hijos de Licurgo: tenemos morada , vesti- 
dos y pan ; tenemos fierro y brazos para servir á la Patria ; 
tenemos almas libres , vigorosas , inflexibles , incapaces de 
sufrir la miseria y la esclavitud; venga enhorabuena 
esa confusión maléfica de gentes extrañas, y de desertores 
de la causa americana; el mundo entero conocerá que 
hay quien defienda los sagrados derechos de nuestra Pa- 
tria; pelearemos por ella, y nadie, nadie mancillará 
nuestro nombre. Por el contrario, nuestra gloria riva- 
lizará con la de los ilustres Personages, que nos dieron 
una Patria libre, soberana, é independiente. 

Orientales! á vista de tanto heroísmo habrá algu- 
no entre vosotros, que no desee tomar parte en las Liti- 
gas de nuestros hermanos 1 No hay uno solo. Núes- 
tia cara Patria vé en todos sus hijos, otros tantos solda- 
dos dispuestos á defender sus derechos, y á marchar 
donde el peligrólos llama para sostenerla. Hoy deseo 
que mi voz penetre en todos los lugares donde se hallen 
Orientales extraviados, para hacerles escuchar el llama- 
miento que la Patria, cual una Madre tierna les hace ; 
para presentarles el perdón, que generoso y magnánimo 



18 — 


les otorga el Gobierno, pues le es doloroso verlos ajados y 
oprimidos bajo el yugo extrangero. O sostener nuestro 
sistema, y con él nuestra amada Patria, ó eslabonar 
nuestros dias con la cadena del infortunio. Tal y tan 
grave es nuestro empeño. La suerte está tirada, y nues- 
tro destino identificado con el destino de la Patria. La 
muerte es menor mal, que la miseria y la esclavitud. 
La vida sin honor, sin libertal, y sin derechos, no es uu 
bien ; es una carga insufrible y tediosa para el hombre. 
No olvidemos jamás las acciones de los ilustres Heroes 
que proclamaron el primer .grito de Libertad. 

Entre tanto, acerquémonos á las aras del altar san- 
to. En dia tan fausto levantemos nuestras Yoces de jú- 
bilo y gratitud eterna al Gran Padre de las misericordias. 
Ante la faz del inundo confesemos y alabemos á nuestro 
Dios : todas las criaturas rindan homenage y adoren los 
impenetrables designios de su divina Providencia. Si, 
Dios mió 1 Permitid que el mas indigno de vuestros Mi- 
nistros se atreva á interrumpir el himno sagrado de vues- 
tras alabanzas, para ser inte.rprete de los fervientes vo- 
tos que en este momento os dirigen todos mis hermanos. 
Salvad, Señor, vuestro pueblo católico, esparcido por to- 
ta la tierra, que no haya uno solo de cuantos le compo- 
nen, que sea victima de la impiedad, de las pasiones, ni 
del intierno. Salvad á todos. Salvad, Señor, y te lo su- 
plicamos con particular empeño á la República Oriental 
del Uruguay, pues tan generosa é interesada se muestra 
en el engrandecimiento de vuestra Religión santa. Re- 
ciba de vuestras manos la suspirada paz, que el mundo 
no puede darla ; esa paz, cuya aurora ya brilla en el 
orizonte politico. Libradla de las asechanzas de todos 
sus enemigos, los hijos desnaturalizados, y las gentes ex- 
trañas, que intenten contra ella. Bendice, Señor, y col- 
ma de tus celestiales favores á tu preciosa heredad la 
santa Iglesia. Salva y bendice á la suprema cabeza de 
ella, y viva feliz y dichoso, Nuestro Santísimo Padre el 
Señor Pió IX: logre su celo ver aumentado el reyno de 
Jesu-Cristo, y dilátenle con nuevo lustre y esplendor las 
conquistas de la Iglesia ; sea confundida la impiedad, 
derrotada la heregia, y burlados los esfuerzos del infier- 
no. Disipad, Señor, como el humo esa conjunción ma- 
léfica de hombres impíos, que se han atrevido á tocar la 



persona venerable de vuestro ungido. No permitáis que 
su presencia venenosa llegue á iníieionar la pureza y 
santidad del rebaño que le habéis encomendado. Res- 
tituidlo cuanto antes al solio Pontificio, con un triunfo 
completo sobre todos sus enemigos. Salvad, Señor, al 
Supremo Magistrado de la República, al eminente ó 
ilustre General Oribe. Bendita sea una y mil veces 
vuestra adorable Providencia por habérnoslo dado en es- 
tos tiempos borrascoso?, y por haber depositado en él tan* 
to acierto, tanta sabiduría, tanta previsión, tanta noble- 
za de ánimo, y un tan acendrado deseo de conservar ilesa 
la gloria y esplendor de la República. Conservad su 
preciosa vida. Conservadlo al frente de los negocios 
públicos. Salvad, Señor, á. la República argentina, y á 
todas lasque componen el continente americano, y ha- 
ced que asi como ambas Repúblicas del Plata han ex- 
perimentado los tristes efectos de una guerra tan pro- 
longada como desoladora, sean á la vez participes de 
una paz sólida y honorable. Salvad, Señor, á nuestros 
dignos Representantes, para que dirijan á esta Repúbli- 
ca con acierto, y honren con sus esfuerzos. Finalmente 
salvad, Señor, este devoto auditorio, conservando á todos 
en vuestra gracia, dadles constancia en sus propósitos, y 
copiosas bendiciones para si y para todas sus familias. 

¡ Oh María ! Dignaos de verificar este bello pre- 
sagio. Desde ese elevado trono, que se os há prepa- 
rado en este lugar, fijad esos ojos amorosos sobre todos 
nosotros ; 'agradeced los obsequios que os rendimos en 
este dia. Haced ^Madre amable, que seamos superiores 
á nosotros mismos, vencedores de nuestras pasiones, 
triunfadores del infierno, conquistadores del Cielo, donde 
en vuestra compañía entonemos el himno de la feliz in- 
mortalidad. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del 
Espíritu Santo. Amen.